Para realizar el Scamper
la clase fue dividida en grupos. En mi grupo elegimos el libro: Hansel y Gretel, realizando nuestra
propia versión y convirtiéndolo en Hugo y
Gabriela. Nuestra versión es la siguiente:
HUGO Y GABRIELA
Érase una vez, una enorme aldea, donde vivía un pobre
pescador, con sus dos hijos y la madrastra.
El niño se llamaba Hugo y la niña Gabriela. La familia
siempre había sido muy pobre, pero cuando una terrible hambruna azotó la
región, se quedaron sin nada que comer.
Una fría noche, el pescador, daba vueltas entre las
sábanas, suspiró y le dijo a su mujer:
- ¿Qué podemos
hacer? ¿Cómo vamos a alimentar a nuestros hijos cuando ni si quiera tenemos suficiente
para nosotros?
- Te propongo una
cosa – dijo la madrastra. - Mañana temprano, cuando vayas a trabajar, podría
cocinarlos, así nos libraremos de ellos.
- ¿Cómo voy a
hacerle eso a mis hijos? – dijo él.
- Qué más da, si
tarde o temprano moriremos de hambre…
El padre, preocupado, se quedó esperando a que su
mujer se durmiera y así avisar a sus hijos para que huyeran a la isla más
lejana.
Por la mañana cogieron una barca, para llegar hasta la
isla de la que su padre les había hablado. Mientras se alejaban de su casa,
vieron como la luna brillaba intensamente sobre el inmenso mar.
Una vez llegados a la isla, muy cansados después del
largo viaje, sólo pensaban en encontrar algún lugar para dormir.
Después de mucho caminar, vieron una brillante luz a
lo lejos, y decidieron dirigirse hacia allí, cuando llegaron, encontraron una
casa enorme, toda cubierta de ricas frutas de muchísimos colores.
-¡Mira! – dijo Hugo - . ¡Un banquete! Voy a comerme un
trozo de tejado, tú puedes probar la ventana.
Hugo se estiró y arrancó un pedacito de tejado,
mientras que Gabriela se acercó a las ventanas para saborearlas.
Entonces una débil voz salió de la gran casa.
-Crick, crick,
crick. ¿Qué
cruje, quién roe? ¿Quién mi casita se come?
Los
niños contestaron:
Es
el viento, sólo el viento, el viento que viene del cielo.
Siguieron
comiendo, Hugo arrancó otro gran trozo del tejado mientras que Gabriela
desprendió todas las naranjas que había en las ventanas, y se sentaron
cómodamente a disfrutarlo.
Desde
otra ventana los observaban, y de pronto se abrió la puerta, y salió una
anciana apoyada en un bastón. Hugo y Gabriela se asustaron tanto que dejaron
caer todas las ricas frutas que tenían en las manos.
-¡Pequeños!
– dijo la anciana, meneando la cabeza -. ¿Cómo llegaron hasta aquí? Pasen y
quédense aquí conmigo, yo les cuidaré, les alimentaré y nadie les hará daño.
Hugo
y Gabriela cogieron a la anciana de la mano y se metieron en la casa. Como la
anciana les había dicho, durante días tuvieron encima de la mesa muchos tipos
de fruta y grandes cantidades de comida, así como dos pequeñas camitas donde
dormir durante la noche.
Mientras,
en la aldea, la madrastra muy enfadada porque no pudo cocinarlos, decidió ir en
busca de ellos en contra de su marido, el cual tenía miedo a que los encontrase
y se los comiese.
Tras
una larga búsqueda la madrastra encontró la isla y la casa donde los hermanos
estaban; y llamó a la puerta de la casa de frutas muy enfadada. Los niños,
asustados al ver que estaba ahí, se escondieron debajo de las camitas.
La
madrastra entró a la casa y los intentó engañar diciendo:
-Niños,
¿por qué os escondéis? Vuestro padre os echa de menos. Salid de donde estéis
para que volvamos a casa.
Como
los niños estaban muy asustados y no salían de debajo de las camitas, la mujer
empezó a buscarlos por su cuenta, y comenzó a abrir todas las puertas de los
armarios de la cocina. Cuando abrió el horno, los niños aprovecharon y
corrieron para empujarla y encerrarla dentro y encendieron el horno.
Cuando
llegó la anciana, los niños muy nerviosos, le contaron lo que había sucedido, y
ésta decidió que lo mejor era que lo mejor era que volviesen a casa. Para el
viaje les dio una gran cesta de frutas y semillas para cultivar, y así que
nunca más pasaran hambre.
Tras
el viaje, entraron corriendo a su casa para darle un gran abrazo a su padre,
quien no había tenido un momento de tranquilidad desde que se fueron.
Los
niños muy contentos le enseñaron a su padre lo que la anciana les había
regalado, y vivieron los tres juntos muy felices para siempre.
Y
colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Nosotras hemos realizado varios cambios,
como cambiar las golosinas por frutas en la casa, el personaje malo del cuento
es la madrastra, y en cambio la anciana es buena. El formato es una casa, con
la cual al ir abriendo las ventanas se iran viendo imágenes del cuento
modificado.
